Anlisis de la película: El exorcista. la ouija, las heridas familiares y el verdadero origen de una posesión demoníaca.

Durante cincuenta años hemos culpado a una tabla de madera de que una niña acabara levitando sobre su cama mientras insultaba a dos sacerdotes. Y no, no me refiero a seguir traumatizados con una niña bajando las escaleras como una araña. Me refiero a nuestra obsesión por culpar a la ouija.
Parece que basta con comprar un tablero de cartón, encender tres velas y preguntar si hay alguien ahí para que medio infierno solicite empadronarse en tu vivienda.
Pero ¿y si la ouija nunca hubiera sido el verdadero problema? Porque en El exorcista tenemos una niña con un padre ausente, una madre que intenta sostenerlo todo y una entidad mesopotámica que parece haber encontrado el momento perfecto para hacer acto de presencia. La entidad de orientación familiar sabe más bien poco, pero de aprovechar las circunstancias parece tener un máster.
En 1973, William Friedkin estrenó El exorcista, una película basada en la novela homónima de William Peter Blatty que terminaría convirtiéndose en uno de los grandes referentes del terror religioso. La historia nos presenta a Regan MacNeil, una niña de doce años que comienza a experimentar cambios físicos, conductuales y psicológicos que desconciertan a su madre. Todo parece comenzar después de que la pequeña utilice una ouija para comunicarse con una presencia que se hace llamar capitán Howdy.
A medida que los fenómenos se intensifican, la medicina no consigue ofrecer una explicación satisfactoria dentro del relato y la madre tira por lo mas habitual, llamar a dos sacerdotes.
La Iglesia interpreta lo sucedido como una posesión demoníaca. Pero desde mi modelo de entidades opresoras lo verdaderamente interesante no es la posesión (que ni por asomo es como lo pinta la película), es el proceso que ha permitido que una entidad alcance ese nivel de control sobre la conciencia y el cuerpo de una niña. Porque Regan no se despierta una mañana hablando arameo y vomitando sobre los muebles, antes ha ocurrido algo y ese algo merece bastante más atención que el dichoso tablero.
1. El origen del horror. ¿Quién es realmente Pazuzu?
Para comprender lo que sucede con Regan, debemos comenzar por Irak. La película se inicia con el padre Lankester Merrin participando en una excavación arqueológica donde descubre una pequeña representación de Pazuzu. El sacerdote reconoce inmediatamente la figura y parece comprender que aquello anuncia un enfrentamiento. Y aquí encontramos nuestro primer detalle interesante. Pazuzu no es una invención del cristianismo ni una criatura creada exclusivamente para aterrorizar a niñas estadounidenses. Su figura procede de la antigua Mesopotamia, donde era considerado un demonio asociado a los vientos dañinos, la sequedad, las enfermedades y otras desgracias. También tenía una dimensión protectora, ya que sus representaciones podían utilizarse para alejar a otras fuerzas consideradas peligrosas. Un currículum bastante más complejo que el de un simple diablo con cuernos. En mi clasificación de entidades opresoras, interpreto a Pazuzu como una entidad mayor de rango II, atendiendo a la magnitud de sus manifestaciones y a su capacidad para interferir progresivamente sobre distintos niveles de la conciencia, es atraido por una fuga de energía por parte de Regan y su madre de la cual hablaremos mas adelante. No estamos hablando de un desencarnado, como ocurría en nuestra interpretación de Freddy Krueger. Pazuzu no es un muerto que se ha quedado dando vueltas por aquí porque tenga asuntos pendientes con el vecindario. Es una figura demoníaca con una identidad anterior a los acontecimientos de la película y con una capacidad de manipulación bastante más elaborada. Ahora bien, hay algo que debemos preguntarnos. Si Pazuzu procede de una tradición mesopotámica, ¿por qué termina manifestándose mediante blasfemias, profanaciones y ataques contra la religión cristiana? Desde mi interpretación, las entidades opresoras no tendrían por qué responder a una religión concreta. Podrían utilizar los símbolos y creencias de las personas involucradas para producir una afectación emocional determinada. Y, teniendo delante a dos sacerdotes católicos, probablemente blasfemar contra Cristo resulte más efectivo que ponerse a recitar mitología sumeria. Pero la cuestión verdaderamente importante es otra. Pazuzu ya tiene una historia con el padre Merrin antes de que conozcamos a Regan. Y quizá ahí encontremos el verdadero origen de todo este desastre.
2. El método de atracción. La ouija no tiene toda la culpa
Regan utiliza la ouija sin tener la menor idea de lo que está haciendo. No pretende invocar a un demonio, abrir las puertas del inframundo ni solicitar una audiencia con una deidad mesopotámica. Simplemente coloca los dedos sobre el tablero y este comienza a responder. ¿Significa eso que la ouija ha abierto un portal al infierno? Evidentemente, no. Al menos, no desde el modelo de entidades que desarrollo en mi ensayo. Podría haber sido un tablero de madera, una hoja de papel o absolutamente nada. El objeto es lo de menos. Lo verdaderamente importante es la apertura emocional que, según mi teoría, permite establecer el vínculo.
Regan tiene doce años, una madre actriz con una agenda que debe de necesitar secretaria propia y un padre que parece haberse tomado la paternidad como una actividad extraescolar. Chris MacNeil quiere a su hija, pero entre rodajes, compromisos profesionales y una separación complicada, buena parte del cuidado cotidiano recae en los empleados de la casa. Regan tiene sus necesidades materiales cubiertas, aunque eso no significa que las emocionales estén igual de atendidas.
En La esencia del Ser reside en la sombra abordo cómo determinadas emociones de fuerza, como el miedo, la culpa o la vergüenza, cuando permanecen sostenidas en el tiempo y asociadas a una experiencia dolorosa, pueden generar lo que denomino fugas energéticas. En Regan encontramos una posible herida de abandono vinculada a la ausencia paterna. Una necesidad de atención, seguridad y reconocimiento que podría estar favoreciendo esa apertura emocional. Y entonces aparece alguien dispuesto a prestarle toda la atención del mundo. ¡Qué oportuno!
La ouija simplemente facilita el primer contacto. Regan ya arrastra una fuga de energía que atrae a la entidad y esta parece dispuesta a aprovecharla. Al fin y al cabo, pocas cosas resultan más convenientes para una entidad opresora que encontrar a alguien con necesidades no cubiertas y con la guardia baja.
3. El cascarón simbólico. Cuando el demonio se disfraza de capitán
Pazuzu decide presentarse bajo una identidad bastante peculiar. El capitán Howdy. Un capitán representa autoridad, liderazgo, protección y dirección. Alguien que lleva el timón, toma decisiones y sabe hacerse cargo de la situación. Justamente el tipo de figura que Regan podría estar echando de menos. En mi libro desarrollo el concepto de cascarón simbólico, una identidad aparente que una entidad podría adoptar para conectar con las necesidades emocionales y la estructura psíquica de una persona.
La elección resulta particularmente conveniente, porque, puestos a buscar un sustituto simbólico para un padre ausente, ¿quién tiene más autoridad que el capitán de un barco? Regan acepta su presencia con absoluta naturalidad. Habla con él, juega y lo incorpora a su vida cotidiana sin sospechar las intenciones que podría esconder aquella identidad. La familiaridad comienza a convertirse en confianza y la confianza, dentro de este modelo, puede favorecer un pacto inconsciente. Una vinculación que se establece sin que la persona comprenda realmente con quién está tratando ni qué está aceptando.
Mientras tanto, el padre de Regan no encuentra tiempo ni para llamarla por su cumpleaños, pero una entidad mesopotámica parece tener toda la disponibilidad del mundo para hacerle compañía. Al final, Pazuzu ha conseguido ganarse la confianza de la niña, ocupar simbólicamente el lugar de su padre y establecer un vínculo sin necesidad de firmar un solo documento de custodia.
4. El pacto inconsciente. Cuando la confianza sale cara
Una infestación puede desarrollarse a través de los diferentes cuerpos sutiles. Habitualmente, el proceso comienza con una afectación del cuerpo emocional, donde la entidad aprovecha una fuga energética sostenida para establecer el vínculo. Posteriormente, la influencia puede extenderse al cuerpo mental, hasta alcanzar la conciencia local y comprometer la voluntad de la persona. Pero Regan parece haberle facilitado bastante el trabajo a Pazuzu.
Dentro de este modelo, el acceso a la conciencia local requiere algún tipo de consentimiento. Y es precisamente aquí donde entra en juego el pacto inconsciente. No hablamos de firmar un contrato con sangre, recitar un conjuro en latín ni sacrificar una cabra en mitad del salón. El consentimiento puede interpretarse como una aceptación simbólica de la presencia, sin que la persona conozca su verdadera naturaleza ni las consecuencias de aquella relación. Regan necesita sentirse querida y reconoce en el capitán Howdy una figura que le ofrece atención y compañía. Al dejarse querer, acepta su presencia y mantiene voluntariamente el contacto.
Desde esta hipótesis, esa apertura permitiría a Pazuzu acceder directamente al cuerpo mental, sin necesidad de atravesar una infestación progresiva de todos los cuerpos sutiles. La herida emocional habría favorecido el acercamiento, pero sería el pacto inconsciente el que facilitaría el acceso a la conciencia local. Esto no significa que Regan desee ser poseída ni que comprenda lo que está sucediendo. La niña acepta una relación con alguien que se presenta bajo una identidad engañosa. Su consentimiento, por tanto, no es informado, y la responsabilidad del engaño recae sobre la entidad. A partir de ese momento, Pazuzu comienza a interferir en su comportamiento, sus pensamientos y su expresión de la voluntad. La infestación ya no se limitaría al cuerpo emocional, sino que habría alcanzado el espacio donde Regan reconoce su propia identidad. Y todo porque la niña creyó haber encontrado a alguien dispuesto a prestarle atención. Al final, Pazuzu ha conseguido acceso a la conciencia de Regan con un nombre falso, un poco de atención y unas cuantas conversaciones. Hay estafadores telefónicos que necesitan bastante más documentación.
5. La fenomenología. Cuando Pazuzu empieza a sentirse como en casa
Una vez establecido el pacto inconsciente, Pazuzu comienza a manifestar su influencia sobre Regan. Y al parecer, el capitán Howdy ha decidido abandonar definitivamente sus labores de acompañamiento infantil. La infestación puede afectar a diferentes cuerpos sutiles, y que la naturaleza de las manifestaciones dependerá del nivel sobre el que esté actuando la entidad. En el caso de Regan, el acceso a la conciencia local ya se habría producido mediante el pacto inconsciente. Por tanto, las alteraciones que observamos no responderían necesariamente a una infestación gradual de todos los cuerpos, sino a una interferencia directa sobre su voluntad, su comportamiento y su expresión física.
La alteración de la conciencia
Regan comienza a experimentar cambios bruscos de conducta, episodios de agresividad, expresiones obscenas y una progresiva pérdida de control sobre sus propias acciones. La personalidad de la niña parece quedar desplazada por otra identidad que utiliza su cuerpo para comunicarse. Desde mi clasificación, esta sería una de las manifestaciones más características de la posesión de la conciencia local. La entidad interfiere en el espacio desde el que la persona percibe, interpreta y responde a su realidad cotidiana. Por eso resulta importante diferenciar entre una infestación y una posesión. En la primera, la persona puede experimentar influencias que alteran su estado emocional o mental. En la segunda, la entidad parece asumir temporalmente el control de determinadas funciones de expresión y comportamiento. Y Pazuzu, desde luego, no demuestra demasiada intención de compartir el mando.
La utilización de la sombra
Las manifestaciones tampoco parecen limitarse a comportamientos aleatorios. Pazuzu utiliza un lenguaje agresivo, obsceno y sexualizado, especialmente dirigido contra las figuras familiares y religiosas. Desde el trabajo de sombra, podemos interpretar estas expresiones como una distorsión de contenidos emocionales y simbólicos vinculados al entorno de Regan. La entidad podría estar utilizando conflictos relacionados con la autoridad, la culpa, el rechazo y la vulnerabilidad para construir manifestaciones especialmente perturbadoras. Esto no significa que esos comportamientos representen deseos ocultos de la niña. La sombra no es un catálogo de atrocidades esperando a que alguien lo abra. En nuestro análisis, la entidad aprovecha el contenido emocional para desestabilizar a la persona y deteriorar sus vínculos afectivos. Y viendo la velocidad con la que consigue transformar las reuniones familiares en experiencias traumáticas, podríamos decir que su intervención no está resultando precisamente terapéutica.

Las manifestaciones físicas
La situación termina alcanzando dimensiones bastante más espectaculares. La cama se sacude violentamente, aparecen contorsiones imposibles, alteraciones de la voz, levitaciones y descensos extremos de temperatura. El cuerpo de Regan se convierte en el escenario principal de las manifestaciones y Pazuzu parece disponer de un presupuesto ilimitado para efectos especiales. Pero ¿de dónde sale tanta energía? En mi clasificación, las entidades opresoras de rango II podrían aprovechar no solo las fugas energéticas de la persona infestada, sino también las de quienes forman parte de su entorno. Y en casa de los MacNeil tenemos todos los ingredientes para preparar un cóctel fenomenológico bastante desagradable.
Regan presenta una posible herida de abandono, su madre acumula miedo, angustia y desesperación ante lo que le sucede a su hija, y toda esa carga emocional podría alimentar un egregor familiar, una estructura energética colectiva sostenida por los conflictos y las emociones compartidas. A esto debemos sumarle las cuentas pendientes de Pazuzu con el padre Merrin. Una relación anterior que podría constituir otro potente foco de vinculación y aportar todavía más intensidad al fenómeno.
Desde esta interpretación, Pazuzu estaría aprovechando una auténtica red de fugas energéticas. La infestación de Regan, la desesperación de Chris, el egregor familiar y el enfrentamiento pendiente con Merrin podrían actuar conjuntamente como potenciadores de sus manifestaciones físicas.
¿Y la levitación? ¿Puede un cuerpo humano elevarse sin ninguna fuerza física aparente? Pues yo que sé Miguel, he visto se todo en mi experiencia y hablo de entidades opresoras, ¿me voy a poner a desmentir esta fenomenología? He vivido en mi propia carne manifestaciones que interpreto desde este marco y que me llevaron a investigar estos fenómenos con mayor profundidad. Eso no demuestra que su origen sea sobrenatural, pero explica por qué no me conformo con despacharlos sin más.
Porque, puestos a analizar lo imposible, los estigmas tampoco parecen tener demasiado sentido hasta que te encuentras con unas marcas en el cuerpo que coinciden con un ataque psiquico onirico.
Una niña infestada, una madre al borde del colapso, un egregor familiar y un sacerdote con asuntos pendientes con una entidad mesopotámica.
No sé si Pazuzu necesitaba tanta energía para hacer levitar una cama, pero desde luego, si buscaba combustible emocional, había elegido una casa con el depósito bastante lleno.
6. El verdadero objetivo. ¿Y si Regan solo era el cebo?
Como deciamos al principio, la película comienza en Irak, donde el padre Merrin encuentra una representación de Pazuzu durante una excavación arqueológica. Su reacción deja bastante claro que no acaba de descubrir una figurita para decorar la estantería del Vaticano. Merrin reconoce a la entidad y parece anticipar un nuevo enfrentamiento. De hecho, sabemos que el sacerdote ya ha participado en otros exorcismos y que no es precisamente un principiante en esto de discutir con demonios. Cuando finalmente llega a casa de Regan, la relación entre ambos adquiere un significado bastante diferente. Pazuzu parece reconocerlo y Merrin sabe perfectamente a qué clase de presencia se enfrenta. La película sugiere una historia anterior entre ellos, aunque no nos explica hasta qué punto ese vínculo ha condicionado los acontecimientos. ¿Y si Regan nunca hubiera sido el verdadero objetivo de Pazuzu?
En mi clasificación, una entidad mayor de rango II puede establecer diferentes vínculos y aprovechar las fugas energéticas de varias personas para sostener una misma infestación. La persona que manifiesta los fenómenos no tiene por qué ser necesariamente el objetivo principal. Regan habría proporcionado una vía de acceso mediante su apertura emocional y el pacto inconsciente. Chris, con su angustia creciente, contribuiría a sostener la carga emocional del entorno. Y el egregor familiar podría actuar como un elemento potenciador de la fenomenología. Pero el vínculo con Merrin introduce otro factor. Pazuzu podría estar utilizando a Regan para provocar un nuevo encuentro con el sacerdote y resolver sus propias cuentas pendientes. La posesión se convertiría así en un instrumento de presión. La entidad aprovecha la vulnerabilidad de la niña, desarrolla una infestación de gran intensidad y consigue atraer a alguien con quien parece mantener una confrontación anterior.
Y no olvidemos al padre Karras. Karras atraviesa una profunda crisis de fe y arrastra una enorme culpabilidad por la muerte de su madre. Pazuzu utiliza esa herida para desestabilizarlo, llegando a adoptar su voz y su apariencia. La entidad parece conocer perfectamente dónde debe atacar para provocar una respuesta emocional. No necesita limitarse a mover muebles o hacer levitar camas. También puede utilizar los conflictos personales de quienes intentan intervenir. Esta conducta encajaría con un mecanismo de opresión orientado a debilitar la voluntad de sus adversarios mediante sus propias vulnerabilidades. La interpretación no está confirmada por el guion, pero permite comprender por qué la película concede tanta importancia al encuentro inicial entre Merrin y Pazuzu y al enfrentamiento que termina produciéndose en Georgetown. Regan sería el vehículo, la familia proporcionaría parte de la carga emocional y Merrin podría constituir el verdadero destinatario del conflicto. Así que llevamos más de cincuenta años culpando a una niña por jugar con la ouija cuando quizá todo era una encerrona para un sacerdote con antecedentes demoníacos. Hay gente que, cuando quiere reencontrarse con un viejo conocido, le manda una carta. Pazuzu tiene otros gustos.
7. El desanclaje. ¿Expulsar a Pazuzu significa librarse de él?
Después de varias visitas médicas, una colección de pruebas diagnósticas y una habitación que parece Zara Tara, como ya sabemos, Chris termina recurriendo a la Iglesia. Los encargados de intervenir son los padres Merrin y Karras, que se enfrentan a Pazuzu mediante un exorcismo católico. Oraciones, agua bendita, órdenes en latín y una entidad que parece haber decidido utilizar todo su repertorio de insultos.
Un desanclaje consiste en identificar y romper los vínculos que permiten a una entidad mantener su influencia sobre una persona. Para ello, es fundamental comprender el origen de la infestación, su naturaleza y los mecanismos que la sostienen. Y los sacerdotes parecen tener una estrategia bastante diferente. Su intervención se concentra en enfrentarse directamente a Pazuzu y exigirle que abandone el cuerpo de Regan. Pero ¿qué ocurre con el pacto inconsciente establecido mediante el capitán Howdy? ¿Con la herida emocional que habría facilitado el contacto? ¿Y con el vínculo anterior entre Pazuzu y Merrin? Prácticamente nada. El ritual continúa hasta que Merrin muere durante el enfrentamiento y Karras, desesperado, exige a Pazuzu que abandone a Regan y entre en su propio cuerpo. La entidad acepta el intercambio. Regan recupera el control y Karras, tras resistirse momentáneamente a la influencia de Pazuzu, se arroja por la ventana. Un sacrificio que consigue liberar a la niña, aunque deja una pregunta bastante incómoda.
¿Han expulsado realmente a Pazuzu o simplemente le han conseguido otro huésped? Porque lo que observamos no es una disolución de la entidad ni una ruptura demostrada de sus vínculos. Es una transferencia de la posesión. El procedimiento resulta incompleto por que la liberación de Regan resuelve la manifestación inmediata, pero no demuestra que se hayan eliminado los mecanismos que permitieron establecerla. Un desanclaje coherente con esta interpretación habría requerido intervenir sobre el pacto inconsciente, trabajar la vulnerabilidad emocional de Regan y examinar la relación que Pazuzu mantenía con Merrin. También habría sido necesario valorar si existían otros vínculos activos capaces de sostener la infestación, como la carga emocional de Chris o el posible egregor familiar. Eso sí, conviene reconocer que el desenlace funciona dentro de la lógica religiosa de la película.
Karras consigue liberar a Regan mediante un acto de sacrificio y recupera su voluntad el tiempo suficiente para impedir que la entidad continúe utilizándolo. Pero una cosa es que el sacrificio tenga sentido narrativo y otra que constituya un desanclaje completo desde el sistema que estamos utilizando. Al final, Pazuzu sale de Regan, entra en Karras y termina despeñándose por una escalera. Un procedimiento bastante expeditivo, aunque me cuesta considerarlo una intervención especialmente rigurosa sobre el origen de la infestación. Y después de todo este despliegue, seguimos sin saber qué ocurrió con el capitán Howdy, con el pacto inconsciente y con las cuentas pendientes de Merrin. Porque, si algo nos ha enseñado esta película, es que cuando una entidad mesopotámica tiene problemas de vinculación, la solución oficial parece consistir en rezarle muy fuerte y tirarse por una ventana. Regan queda libre. El resto de las cuestiones, aparentemente, las dejamos para el más allá.
8. Valoración final. ¿Es El exorcista una representación coherente de una entidad opresora?

El exorcista se ha convertido en el gran referente cinematográfico de las posesiones demoníacas. Sin embargo, si dejamos a un lado los vómitos verdes, las levitaciones y los sacerdotes recibiendo insultos en latín, su representación del fenómeno tiene bastantes lagunas.
¿En qué acierta?
La película representa adecuadamente algunos mecanismos de infestación, especialmente la progresión desde las alteraciones mentales hasta las manifestaciones físicas. También introduce dos elementos fundamentales de mi clasificación: el cascarón simbólico y la generación de un vínculo previo. Pazuzu no aparece inicialmente mostrando su verdadera naturaleza. Adopta la identidad del capitán Howdy, establece una relación de confianza y aprovecha la interacción sostenida para acceder a la conciencia local de Regan mediante lo que hemos identificado como un pacto inconsciente. La película también permite reconocer cómo una entidad podría utilizar las vulnerabilidades emocionales de una persona para favorecer la vinculación. El problema es que apenas profundiza en ellas.
¿Qué le falta?
La película deja prácticamente sin desarrollar los mecanismos que podrían explicar por qué se produce la infestación. La ouija adquiere un protagonismo desproporcionado, mientras que la apertura emocional de Regan y los posibles conflictos de su entorno familiar apenas se exploran como parte del fenómeno.
Tampoco profundiza en el vínculo anterior entre Pazuzu y Merrin. Aunque la película sugiere que ambos se conocen, no explica la naturaleza de esa relación ni hasta qué punto podría haber condicionado la elección de Regan.
Desde nuestra interpretación, esta conexión permitiría comprender a la niña como vía de acceso y al sacerdote como posible objetivo final de la entidad, aunque el guion no confirma esa intención. Por último, encontramos una lectura excesivamente condicionada por el paradigma cristiano. Pazuzu pertenece a una tradición mesopotámica anterior al cristianismo y, desde mi modelo, las manifestaciones de una entidad podrían adaptarse a las creencias y vulnerabilidades de sus víctimas sin depender de una religión concreta.
El exorcista ofrece una representación eficaz de la posesión, pero dedica mucho más esfuerzo a mostrar sus consecuencias que a desarrollar los mecanismos que podrían sostenerla.
Los hechos que presenta son claros. Regan contacta con el capitán Howdy, sufre una transformación progresiva y termina siendo liberada mediante la intervención de los sacerdotes. También sabemos que Merrin reconoce a Pazuzu desde el comienzo. Mi lectura conecta estos acontecimientos mediante una hipótesis: la vulnerabilidad emocional de Regan facilita el contacto, el pacto inconsciente permite la ocupación de su conciencia y los vínculos familiares podrían potenciar las manifestaciones, mientras Pazuzu utiliza todo el proceso para reencontrarse con Merrin.
Esta interpretación no constituye una explicación confirmada por la película, pero ofrece una lectura coherente dentro del modelo de entidades que estamos utilizando y permite entender por qué la ouija resulta bastante menos importante de lo que popularmente se cree. Porque tenemos una niña emocionalmente vulnerable, una entidad que adopta una identidad conveniente, una familia al borde del colapso y un sacerdote que parece conocer al demonio de toda la vida. Pero nada, cincuenta años después seguimos echándole la culpa a un tablero de cartón.
Al final, la ouija no existe, son los padres.
Y hasta aquí nuestra autopsia paranormal de El exorcista. Una niña poseída, una entidad mesopotámica con asuntos pendientes y dos sacerdotes que, después de semejante despliegue, tampoco es que salieran muy bien parados. Si te gustan estos análisis donde destripamos el cine de terror desde la fenomenología paranormal, las entidades opresoras y el trabajo de sombra, puedes apoyar este proyecto compartiendo el artículo, dejándome un comentario o haciéndoselo llegar a otro amante del terror.
Tu apoyo me ayuda a seguir investigando y creando contenido independiente. Porque bastante trabajo dan ya los vivos como para dedicarle tantas horas a los muertos. Y, de momento, ningún demonio se ha ofrecido a pagarme las facturas.
Nos vemos en la próxima autopsia paranormal.
